Esta exposición se celebra para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Camilo Castelo Branco y pretende, sobre todo, destacar la vida en Póvoa de esta destacada figura de la literatura portuguesa. Las razones de su estancia en Póvoa se debían a las recomendaciones de su médico de bañarse en el mar, una receta para las dolencias que le aquejaban y deprimían, pero el juego y la diversión de los concurridos y lujosos cafés eran un atractivo más poderoso para su espíritu inquieto.
En la ciudad de Póvoa de Varzim, el entonces célebre escritor habría tenido la oportunidad de relacionarse con amigos como Francisco Gomes de Amorim y Conde de Azevedo, propietario de la casa solariega que alberga nuestro Museo desde 1937. Podemos, por tanto, imaginar la interacción de estos amigos en las salas hoy musealizadas. Junto a las alegrías del compañerismo, la música, el baile y los espectáculos teatrales, su estancia en Póvoa también estuvo marcada por momentos de gran sufrimiento, como la muerte de uno de los hijos de Ana Plácido y de una hermana.
En definitiva, una exposición que nos traslada al ambiente de Póvoa a finales del siglo XIX, cuando la proyección de la villa estaba marcada tanto por su actividad pesquera como por el movimiento turístico de la temporada de baños.