A partir del siglo XVI, el arte de la confitería fue cultivado con gran refinamiento por casi todos los monasterios y conventos del país, creando sabrosísimas especialidades de gran valor culinario. Los dulces de las casas religiosas, inicialmente destinados a sus protectores civiles y eclesiásticos, tuvieron una gran demanda, dando lugar a una verdadera industria conventual que se hizo famosa de norte a sur de Portugal.

Los dulces conventuales son una tradición centenaria en Vila do Conde. Los conventos y monasterios fueron los principales impulsores de estas tradiciones, y Vila do Conde es un buen ejemplo de ello, con los monasterios de Santa Clara y Vairão. El Convento de Santa Clara, donde el arte de la repostería alcanzó el máximo cuidado y perfección, fue una verdadera escuela. Entre las diversas especialidades, destacan los Beijos de Freira, los Melindres de Vila do Conde, los Pastéis de Santa Clara, los Rebuçados de Ovos, las Rosquinhas, las Sapatetas y la Sopa Dourada das Freiras de Santa Clara.