Las raíces del pazo de Vilar de Francos se remontan a tiempos de Carlos I, cinco siglos atrás. Se construyó alrededor de una antigua torre defensiva, del siglo XVI, y está dentro de una gran finca rodeada por una fornida muralla con almenas.

La visita, desde luego, merece la pena: un conjunto formado por el imponente pazo, construido en su mayor parte en el siglo XVII, con la torre de cuatro plantas en su centro, un hermoso jardín, la vivienda de los caseros, un viejo hórreo, un crucero y la capilla dedicada a San Antonio de Padua.

En vida del marqués, se aprovechaba la festividad de San Antonio, el 13 de junio, para abrir las puertas del pazo a la vecindad. Fuera de las murallas, en una finca próxima, encontrarás el roble de San Antonio, que tiene ya varios cientos de años.

El mayorazgo de Vilar de Francos nace en época de Carlos V, y tiene origen en el matrimonio de un miembro de la familia Pardiñas, que tenían solar en la torre de Pardiñas, con una mujer de los Vilardefrancos. De este linaje es Fabián Pardiñas Vilardefrancos, poeta gallego del siglo XVII que llegó a ser deán de la catedral de Santiago. En el siglo XIX, el pazo sería comprado por los marqueses de Atalaya.

El último marqués de Atalaya en habitar el pazo, José Antonio Martínez de Pisón, era militar y luchó a favor del bando franquista en la Guerra Civil. Se salvó del conocido naufragio del buque Castillo de Olite, en el que murieron más de mil personas. La embarcación fue hundida por el ejército republicano en 1939 cuando se dirigía a Cartagena.